sábado, 16 de diciembre de 2006
NAVIDAD EN LA MIRADA
No tendría más de seis años y mis melindrosas cuitas de occidental de clase media se tornaron obscenamente ridículas en el abismo de sus pupilas. El frío que a todos nos mantenía ateridos se hacía hiriente lujuria en sus carnes desarrapadas. Era uno de esos niños palestinos de las calles de Jerusalén de los que los guías turísticos –mayoritariamente judíos- recomiendan no dar ni la hora. Se me había presentado por uno de mis flancos como por ensalmo, sabedor de que si así lo hacía el ojo hebreo que todo lo escudriña no lo echaría de la Ciudad Antigua con manu militari. Una vez que captó mi atención lo que menos me hirió fue su leve y pedigüeña mano abrasada de maltrato, sino que lloraba a lágrima batiente mientras que con un rictus de plegaria ribeteado de misteriosas palabras árabes, me suplicaba. Por supuesto, yo no entendía nada... o quizá todo, pues... lloraba y lloraba. ¡Dios mío! Cómo lloraba. En su garganta de soprano gorjeaba tal inapelable y plañidera demanda de justicia, que me hizo sentirme reo de la justicia divina. Saqué unas monedas más por sobornar a mi conciencia que por cumplir con la misericordia –pues de lo contrario tendría que, al menos, haberlo adoptado-, y me fui dejándome el dinero y mis ojos clavados en los suyos para los restos. Hace algunos días, mi hija, como todos los años, deslizó en mis manos, con la sutileza de una profecía, la circular en la que desde su colegio se nos demanda solidaridad con los más necesitados: ropa, alimentos, juguetes... Y volví a recordar a aquel niño de la Ciudad Santa... Y lo vi llorar: aquí, allá y acullá, por nuestra ciudad y por todas las del mundo. Y sentí que es Navidad... aunque sólo en sus ojos, pues sigo sin poder corresponder a la sacra petición de su mirada con más de unas cuantas monedas, ropa, alimentos y algún que otro juguete.
Publicado en Diario CÓRDOBA el 13 de diciembre de 2006
Publicado en Diario CÓRDOBA el 13 de diciembre de 2006
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